Skidata Global Blog

Gestión urbana del aparcamiento: acceso justo en ciudades | SKIDATA

Escrito por Thomas Doppler | 1 ene 1970, 0:00:00

Desde que las ciudades tienen aparcamiento, lo han repartido de dos formas: para quien llega primero o para quien más paga. Gana quien aparece antes o puede pagar más. Parece neutral. No lo es. A medida que el espacio escasea, este criterio tácito determina quién puede formar parte de la vida urbana y quién queda relegado a la periferia.

Algunas ciudades empiezan a plantearse una pregunta mejor. No cuántas plazas tienen, sino a quién deberían ayudar a conseguir una. Es un cambio real: pasar de considerar el aparcamiento como un bien de consumo a entenderlo como infraestructura social. Y merece mucha más atención de la que recibe.

Ámsterdam piensa precisamente así. «Estamos analizando a quién deberíamos ayudar a conseguir una plaza», afirma Willem van Heijningen, estratega del Departamento de Movilidad y Espacio Público del Ayuntamiento de Ámsterdam. «Las mujeres y las personas con discapacidad tienen necesidades específicas, y debemos determinar cuál es la mejor manera de proporcionarles un aparcamiento seguro, cómodo y accesible. Lo mismo ocurre con el profesorado y el personal sanitario: tienen menos acceso a la vivienda dentro de la ciudad, pero seguimos queriendo que estén aquí».

 

El problema del «primero en llegar, primero en ser atendido»

El espacio en una ciudad en crecimiento es limitado y cada vez menor. Las obras, la creación de zonas verdes y la transición energética reducen la superficie disponible. Cuando realmente no hay espacio suficiente para todos, repartirlo únicamente según la rapidez o la capacidad económica produce un resultado previsible: a quienes tienen más flexibilidad y dinero les va bien; el resto se adapta o se queda en casa.

Pero las ciudades no buscan realmente un resultado neutral. Quieren que determinadas personas puedan acceder, y algunas de ellas son precisamente las que tienen menos margen de maniobra.

Una enfermera o un profesor que no puede permitirse vivir en la ciudad debe seguir desplazándose hasta ella, a menudo en horarios poco habituales, para desempeñar un trabajo del que depende la ciudad. Si su aparcamiento es imprevisible o inasequible, se dificulta aún más un trayecto ya complicado y se corre el riesgo de perderlos.

Otras personas se enfrentan a una versión distinta del mismo obstáculo. Una persona con discapacidad necesita una plaza que no solo esté libre, sino que además sea segura, cercana y verdaderamente accesible.

Quien sale de un recinto cuando ya ha anochecido presta mucha atención a dónde ha aparcado y a cómo volverá hasta su vehículo.

No son casos excepcionales que haya que resolver cuando ya no quedan plazas «normales». Para estos usuarios, la ubicación de la plaza y la seguridad que transmite condicionan todo el trayecto.

 

De contar plazas a asignarlas según las personas

Lo que hace posible este enfoque, y no solo deseable sobre el papel, son los datos de aparcamiento. Cuando una ciudad puede conocer conjuntamente la oferta y la demanda en tiempo real, la asignación deja de ser una herramienta indiscriminada.

No todos los visitantes son iguales. Algunos llegan pronto para pasear antes de un evento; otros llegan justo a tiempo. Algunos van en familia; otros necesitan un acceso sin escalones. Si se cruzan esas necesidades con las plazas realmente disponibles, se puede lograr la asignación adecuada: dirigir a quien necesita una plaza adaptada hacia una cercana, reservar plazas seguras y bien iluminadas para quienes las necesiten y ofrecer al personal esencial una opción fiable en las proximidades. La tecnología no toma la decisión social; la toma la ciudad. La tecnología simplemente convierte esa decisión en algo que sucede en la práctica, plaza a plaza.

 

Una decisión que las ciudades ya pueden tomar

No se trata de una visión lejana que requiera nuevas leyes o nuevo hardware en todas partes. El acceso digital, la disponibilidad en tiempo real y el guiado hasta una plaza concreta ya son la forma en que funciona un centro de movilidad bien gestionado. El siguiente paso consiste en orientarlo hacia un objetivo social, no solo operativo.

Ahí es donde ayuda contar con un socio. Zone Management de SKIDATA permite a una ciudad decidir quién puede utilizar cada plaza, emitir permisos digitales para residentes, proveedores de servicios y los trabajadores que quiere mantener cerca, mientras que el control de acceso y el guiado de aparcamiento en tiempo real dirigen a cada persona —incluidas aquellas que necesitan una plaza accesible o bien iluminada— al lugar adecuado.

La ciudad toma las decisiones; SKIDATA las hace realidad.

El aparcamiento Singelgracht de Ámsterdam muestra cómo puede ser este modelo: 800 plazas, alrededor del 80 % reservadas para titulares de permisos, construido bajo tierra para devolver la superficie a las zonas verdes, los peatones y las bicicletas.

El resultado es un lugar que funciona para todos, no solo para los más rápidos o los más ricos. El aparcamiento siempre ha condicionado quién puede estar presente en una ciudad. Ahora existe la oportunidad de diseñarlo de forma intencionada y hacer sitio para las personas que una ciudad más necesita.

 

Referencias relacionadas: